Pentesilea von Kleist, triunfo escénico de intertextualidad de Teatro Brujo.
La Grecia del romántico alemán Heinrich von Kleist carece de la noble sencillez y serena grandeza o del inspirador heroísmo que construyeran los poetas y pensadores germánicos coetáneos. La Grecia de Kleist está dominada por la ambición, por el belicismo, por las Furias, como elocuentemente afirma Odiseo al inicio mismo de su tragedia Penthesilea, en su título original. La Grecia de Kleist está regada por la sangre derramada por pasiones enfermizas, por una irracionalidad tumultuosa, presa de poderes ingobernables y, en ocasiones, como le ocurre a su antiheroína, Pentesilea, por un enemigo invencible: el propio corazón.
Invirtiendo el curso de los acontecimientos del libro primero de las Posthoméricas de Quinto de Esmirna, pero conservando la violencia indomable de sus protagonistas, Kleist somete a un duelo terrible a sus protagonistas, Aquiles y Pentesilea, a una lucha de sexo y muerte en la que el héroe de la Guerra de Troya acaba, contrariamente a la narración habitual, vencido. Devorado por la locura y los dientes de la reina de las Amazonas. Kleist concluyó su tragedia en verso tres años antes de darse muerte, el 21 de noviembre de 1811, instantes después de haber disparado a su compañera, Henriette von Vogel, a orillas del lago Kleiner Wannsee, próximo a Potsdam. Él contaba 34 años de edad. Ella, 31.
El actor y director Bruno Castillo ha creado un texto dramático a partir exclusivamente de los versos de Penthesilea, eliminando aquellos pasajes que no se ocupan de modo central del duelo amoroso de la aciaga pareja mítica. Constituida en ocho escenas, todas ellas, básicamente dúos, el texto de Castillo ofrece pasajes de conversación entre Antíloco y Odiseo (i), entre éste y Aquiles (ii), entre Protoe y Pentesilea (iii y v), entre Pentesilea y Aquiles (vi) y, finalmente, entre Vogel y Kleist (iv, vii y viii). Y, en estas tres últimas escenas, en las que son los propios Kleist y Vogel sus protagonistas, estos hablan con los versos de la tragedia, como si la obra de Kleist y su reinterpretación libérrima y despiadada de la antigüedad estuvieran ligadas de modo inextricable a sus propias pasiones. La locura de Pentesilea, que acaba con el objeto de su deseo, es la de Kleist, quien liquida de un disparo a su compañera, quien padecía una enfermedad terminal. Y la consecuencia en ambos casos es la misma: el suicidio del verdugo, Pentesilea con una daga, y Kleist, quien emite en su despedida las mismas palabras que escribiera para su antiheroína, con su pistola.
Pentesilea von Kleist, cuyo estreno absoluto tuvo lugar en el Teatro Sucre de Cuenca, Ecuador, el 23 de octubre de 2014, es una propuesta notable por diferentes factores, además de por la inteligente intertextualidad entre la tragedia escrita por Heinrich von Kleist y las enigmáticas condiciones de la propia muerte del autor. Pentesilea von Kleist plantea, asimismo, un notable reto interpretativo, al precisar la ejecución, sin solución de continuidad, de los papeles de los guerreros griegos Antíloco y Aquiles, así como de la amazona Protoe y el propio Kleist, en el caso de Bruno Castillo y los del aguerrido Odiseo, Pentesilea y Vogel, en el de Mabel Petroff, quien establece a lo largo de la hora de duración de la obra un trabajo físico arrebatador. Actores que se encuentran a solas en un escenario único, extraordinariamente sobrio, y desarrollando una metamorfosis de objetos (en particular, los distintos elementos de una cesta para una comida en el campo) tan inteligente como la dramaturgia que soporta un esfuerzo dramático modélico. Memorable.
PS. No se tomaron fotografías de la representación del estreno mundial del montaje, que no se ha vuelto a escenificar desde entonces. Teatro Brujo ofrecerá, durante el mes de julio, en Uruguay, funciones de este y otros dos espectáculos, Ars Erótica (con textos propios) y el shakesperiano Cuento de invierno. Se ha previsto la toma de fotografías de los montajes. Las imágenes promocionales que acompañan esta entrada fueron captadas por Sergio Arvide y Manu Peralta en un cementerio de Ciudad de México, donde Teatro Brujo tiene su sede.





