
La presente entrada reproduce en su integridad el texto publicado en el catálogo Manuel Caeiro. Amazing White Emptyness. Lisboa, Museu Nacional de História Natural e da Ciéncia, 2012.
El orden como coartada y la luz accidentada. Introducción a la obra de Manuel Caeiro
La integridad de la obra de Manuel Caeiro (Évora, 1975), salvo excepciones, dentro de la disciplina pictórica, parece estar atravesada por una investigación particularmente interesada en un sentido constructivo y espacial. Con un notable estudio del color, Caeiro se ha servido intensivamente de elementos temáticos que le permiten, por un lado, establecer una apariencia racional u ordenada y, por el otro, experimentar con el accidente, con las diferencias. De este modo, los elementos constructivos que Caeiro dispone como argumento de sus composiciones parecen constituir una coartada para un trabajo pictórico que, en su libertad -siempre dentro de los límites de contención de los planos que ocupa-, parece más cercano a las obras de un pintor plenamente abstracto aunque con una efusión que desconoce la gestualidad violenta. De este modo, el sentido de la luz de Caeiro desafía la férrea estructura geométrica de sus motivos y puede ponerse en relación con la subversión de la estructura modular y aséptica en extremo del Minimalismo, una superación pictórica de los patrones rígidos de este movimiento internacional, que, no obstante, le sirven de base, y que ha conocido en Portugal un prolijo desarrollo tanto entre los compañeros de generación de Caeiro como entre algunos de los más destacados artistas portugueses de la generación anterior.

Los motivos que constituyen la base para las investigaciones cromáticas de Caeiro presentan un carácter figurativo. Así, pueden reconocerse en ellas elementos modulares que sirven a la arquitectura, o bien representan andamiajes. Asimismo, algunas de sus obras consisten en una incesante proliferación de cajas nítidamente perfiladas que muestran montones de algo similar a arena de diferentes colores (algunas de ellas confiesan, de acuerdo a sus títulos, albergar sal negra). Existe en el trabajo de Caeiro una sinceridad que delata su propio proceso de elaboración, una de las más sugerentes características de su lenguaje plástico. Así, los elementos arquitectónicos o las cajas que ha procedido a pintar carecen de tratamiento alguno, como lo desconoce el fondo, el soporte pictórico mismo.

Podría advertirse en el desafío al orden geométrico de los motivos de las composiciones de Caeiro una celebración de lo heterogéneo frente a una utópica ordenación ecuménica. En este sentido, resulta interesante vincular su obra con un argumento de Charles Jenks, incluido en su The Language of Post-Modern Architecture (1984), quien pugnaba por un respeto de las tradiciones constructivas vernáculas y alababa las construcciones manuales, tales como las barracas de la Bahía de Sausalito (San Francisco), viviendas construidas por sus propios propietarios, a menudo empleando materiales de desecho y pintadas de acuerdo al gusto de su hacedor-habitante, dando lugar a una reunión heterogénea de soluciones formales y cromáticas. Resulta interesante constatar cómo Caeiro ha fotografiado hasta llenar álbumes completos las barracas que sirven a los pescadores de su país, fábricas manuales de características similares a las que Jenks enunciaba, interesado fundamentalmente por las posibilidades que los juegos espaciales y cromáticos ofrecen en estas construcciones.
Caeiro ha desarrollado asimismo una obra escultórica en la que a los valores espaciales que le son propios se suma una notaria preocupación por los aspectos lumínicos y visuales. Diez años atrás se servía de la estructura geométrica y fría de cristales enmarcados en hierro para pintar vidrios y marcos con esmalte. El conjunto, desarrollado enteramente en formato vertical y con dimensiones idénticas (de 57 x 38 cm cada una de sus obras) fue designado por Caeiro como Varandas, es decir, una suerte de pintura para ver a su través. Más recientemente, ha empleado como punto de partida las vallas de madera que sirven a la señalización de obras públicas en proceso que suceden, para aumentar su visualización, segmentos de color blanco y rojo o anaranjado (elemento que ha protagonizado asimismo algunas de sus últimas obras pictóricas) pero no para su apropiación, sino para su recreación en aluminio, que ha dotado de tubos de neón con la misma disposición ortogonal con que se ha dotado a las vallas.

En algunas de sus últimas obras se ha celebrado la confusión entre lo público (con representaciones de los mismos elementos de señalización de las obras ya señalados) y lo íntimo, con alusiones al taller del pintor. Así, las vallas se han transformado en estantes para almacenar pinturas. Una acumulación de bastidores de los que únicamente son visibles, las más de las veces, sus cantos. Cuando puede acertarse a vislumbrar su contenido iconográfico apenas reconoce la mirada pinturas monocromas y negras, aunque ausentes de neutralidad en la aplicación del color. «Welcome to my Loft», título de esta serie, da la bienvenida al espectador a un escenario metapictórico en el que el hombre ha desaparecido sin dejar más rastro que una ordenación de pinturas de luto y que, debido a su abandono, no esté destinada, tal vez, a sobrevivirle demasiado.
Para ler a tradução em português (tradução de Rita Custódio e Àlex Tarradellas) , por favor visite:
«A ordem como pretexto e a luz acidentada. Introdução à obra de Manuel Caeiro«


