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Prima la musica e poi la pittura. Una introducción a la obra de Daniel Sprintz

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Daniel Sprintz: Sin título. 2019, acrílico sobre papel, 50 x 70 cm

La presente entrada reproduce en su integridad el breve ensayo publicado con ocasión de la exposición Punto de Inflexión, de Daniel Sprintz, celebrada entre los días 13 de septiembre y 11 de octubre de 2019 en Isegoría (Madrid).

Prima la musica e poi la pittura. Una introducción a la obra de Daniel Sprintz

Prima la música e poi le parole (Primero la música y después las palabras) es el título de un divertimento teatral compuesto por Antonio Salieri sobre un texto de Giovanni Battista Casti, y que fue estrenado junto a la obra de su supuesto acérrimo rival, Wolfgang Amadeus Mozart[1], Der Schauspieldirektor (El director teatral; KV 486), en el Kärntnertortheater de Viena, el 7 de febrero de 1786[2]. Si la obra constituye una discusión sobre las partes musical y literaria de una composición operística, nuestra particular glosa del título no afirma tanto un componente agonístico o de confrontación entre diversas artes cuanto una manifestación del desarrollo de la pintura de modo posterior en la obra de Daniel Sprintz (Santa Fe, Argentina, 1961) a su acometida de la escritura musical. Mas, sensiblemente, Música y Pintura no solo encuentran en la actualidad un recorrido simultáneo en el trabajo de Sprintz, sino que ambas se alían esencialmente en su producción. Sprintz pinta traduciendo con pigmentos sobre soportes el método compositivo que sigue sobre el papel pautado o en la pantalla de un ordenador[3]. Sprintz, residente en España desde 1988, desempeña su labor docente en el Conservatorio Superior de Badajoz. Fue, asimismo, director de la agrupación musical Ensemble XX-XXI, que fundó. La presente exposición es la primera que ofrece de su obra pictórica.

En su infancia, el dibujo y la pintura se convirtieron en una suerte de abrazaderas cuando fue trasladado a la gran ciudad, una experiencia que le hizo sentir el desasosiego del desarraigo. Y, si bien, confiesa no haber nunca abandonado la certeza de aquel asidero, Sprintz no comenzó a pintar de una manera disciplinada sino hasta 2015. Sus primeras experimentaciones plásticas en el ámbito pictórico se relacionaron con el dripping, mas fueron abandonadas. Sin embargo, aún es posible advertir en las menos de estas obras, y todas ellas sobre papel, algunas soluciones que testimonian aquel desarrollo azaroso y efusivo.

La obra pictórica de Daniel Sprintz, realizada con técnica mixta sobre papel o lienzo, puede ser definida como perteneciente a la abstracción lírica, afín, por ejemplo, a la vaporosidad y a la búsqueda de atmósferas espirituales de otro artista foráneo afincado asimismo en España, el pintor de origen filipino Fernando Zóbel (Manila, 1924-Roma, 1984). En este sentido, las pinturas de Sprintz se ofrecen como una suerte de paisaje evanescente, en una pugna entre los extremos astrales y los arenales, en los que se procede a una elucubración lírica sobre el poder sugerente, evocador, de la luz.

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Distribución de los instrumentistas y el director para la ejecución de Ecos de Luz

Ecos de Luz, precisamente, es el título de una obra compuesta en 2016 para flauta de pico, clarinete, dos percusionistas (marimba y cuencos tibetanos), arpa, dos violas, violonchelo y contrabajo. Una composición que presenta una extraordinaria conjunción entre los aspectos musicales y pictóricos, hasta el extremo de constituirse por su complejidad en una suerte de declaración programática. La composición vendría a disponer en el espacio sonoro una transposición de una obra pictórica ajena, del mencionado Fernando Zóbel, Pequeña primavera para Claudio Monteverdi (1966, óleo y lápiz graso sobre lienzo, 80,5 x 80 cm. Cuenca, Museo de Arte Abstracto Español)[4], inspirada, asimismo, en una primera obra musical: el conocido* como Lamento d’Arianna (El lamento de Ariadna), o bien como Lasciatemi morire (Déjame morir), como reza su primer verso, de Claudio Monteverdi[5]. La situación de los instrumentistas, por ejemplo, quienes desarrollan evoluciones temporales y cromáticas sobre una misma nota, vendría a replicar la distribución de los planos que componen la pintura de Zóbel, de un tamaño, por cierto, prácticamente idéntico al formato cuadrado de ochenta centímetros de lado que abunda en la producción pictórica de Sprintz. Si Pintura y Música son las dos pulsiones creativas de Sprintz, habría que sumarse a ellas una tercera, inspiradora: la de la Poesía. Y, así, a la referencia pictórica de Zóbel y el recitativo expresivo monteverdiano, suma el compositor una tercera referencia, la de un poema de Hugo Mujica (Buenos Aires, 1942)[6], el titulado “Toda sombra”, reproducido al comienzo de la partitura. Sensiblemente, Sprintz acompaña con frecuencia sus partituras de textos que solicita al intérprete leer e interiorizar con anterioridad a proceder a la ejecución de la respectiva pieza.

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Daniel Sprintz: Sin título 4. 2019, acrílico sobre papel, 50 x 70 cm

Las recientes obras pictóricas de Daniel Sprintz carecen de impulsividad alguna en su gesto. Tanto su elaboración –atravesada por diversas etapas que precisan del secado de las capas anteriores–, como su dicción, resultan demoradas, procediendo al cultivo de oxidaciones mediante un proceso de investigación acerca del comportamiento de los pigmentos y de los materiales de los que se sirve.

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Daniel Sprintz: Sin título 5. 2019, acrílico sobre papel, 70 x 50 cm

Finalmente, cabría señalar que, hasta el momento, podrían identificarse dos planteamientos estéticos dispares en las obras pictóricas de Sprintz. El primero está integrado por imágenes calmas, en las que procede a la representación de una suerte de paisajes de tonalidades mayoritariamente frías, ya como escenas desérticas, ya acuáticas, como ocurre en una reciente y fascinante obra sobre papel (de 70 x 50 cm) que recuerda a las evanescencias de las más abstractas del cuarto de millar de las pinturas monetianas dedicadas a los nenúfares de su jardín en Giverny. En segundo lugar, y naturaleza de las más de las pinturas de Sprintz, se encuentran las obras pictóricas que se dirigen a una posición no ya menos calma, sino aun telúrica. Ante estas pinturas el espectador asiste a un vórtice, a una fragmentación caleidoscópica, a una suerte de emisión magmática. Como si asistiera a un instante esencial, en el que el ser humano es trascendido: Como si se le hubiera brindado una segunda oportunidad, en una fantasía mediante la que se antoja posible escapar a este orden insensato. O a abrazar con encono aquello que aún nos une esencialmente con ese todo cuya simpatía parece desvanecerse en el mundo calamitoso que hollamos.

Julio César Abad Vidal[7]

Notas

[1] Siglo y medio antes de la celebérrima producción cinematográfica Amadeus de Milos Forman (1984), el supuesto asesinato de Mozart a manos de un envidioso hasta el crimen Salieri constituyó el nudo de una pieza dramática, una de las conocidas como cuatro “pequeñas tragedias”, ?????? ? ???????, Motsart i Salyeri (Mozart y Salieri, 1832), de Alexander Pushkin, que serviría de inspiración a la ópera homónima de Nikolai Rimsky-Korsakov, con libreto del compositor, que fuera estrenada en el moscovita Teatro Solodovnikov el 7 de diciembre de 1898.

[2] Con libreto de Gottlieb Stephanie. Un argumento similar se encuentra en la ópera Capriccio (Capricho) de Richard Strauss, con libreto del compositor y del director Clemens Krauss, ambientada en el París cortesano del siglo XVIII. La ópera fue estrenada en el Nationalthetaer de Múnich, el 28 de octubre de 1942.

[3] De la que existen dos registros monográficos en disco compacto: Obras de cámara 2009-2013 (Badajoz, Caja de Badajoz, 2014) y Obras mixtas (Badajoz, Diputación de Badajoz, [2010]). Un tercer disco compacto, Ensemble XX-XXI (Badajoz, Diputación de Badajoz, [2004]), reúne el registro de composiciones de Ryo Noda, Arturo Thomassin, Paul Hindemith, Luciano Berio, Bruno Maderna, Paul Berthold y Giacinto Scelsi, bajo la dirección del propio Sprintz, junto con la grabación de una obra inédita del compositor: Reflets d’une larme dans son miroir (Reflejos de una lágrima dentro de su espejo).

[4] Del otro lado del silencio, una composición para flauta baja y banda electrónica, se halla inspirada asimismo, entre otras fuentes, en una nueva pintura de Zóbel: La visita XXXVIII (1975, óleo sobre lienzo, 80 x 100 cm).

[5] L’Arianna fue la segunda de las óperas que compusiera Monteverdi. Fue estrenada en el Palacio Ducal de Mantua el 28 de mayo de 1608, un año después del histórico L’Orfeo. La partitura de L’Arianna (a excepción de este recitativo a cargo de la soprano titular), lamentablemente, se ha perdido, aunque sí se conserva la integridad de su libreto, obra de Ottavio Rinuccini. La ópera se ocupaba del abandono de Ariadna por su amado Teseo. El ya mencionados Richard Strauss compondría una ópera sobre el mismo argumento mitológico: Ariadne auf Naxos, con libreto de Hugo von Hoffmannsthal, cuya versión definitiva fue estrenada el 4 de octubre de 1916 en Viena, en la Wiener Staatsoper.

[6] En 1996, Sprint compondría dos obras a partir de la obra del poeta: Azoth y Vision du “Paradis vide”. Mujica inspira, asimismo Iconographîa de una sombra (2007) y su desarrollo: Sombra de una iconographîa (2013). Mujica, en fin, escribió un poema a petición del propio Sprintz para Nadie, composición para voz y banda electrónica, escrita en 2011, y de la existe grabación, que arroja una duración de veintiún minutos, en el previamente mencionado compacto Obras mixtas.

[7] Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM.