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Chema Gil. Apuntes del natural

Chema Gil. Marea baja. 2020, impresión sobre papel fotográfico mate, 50 x 77 cm

La presente entrada reproduce en su integridad el texto «Chema Gil. Apuntes del natural», publicado en el catálogo de la exposición individual del artista en Isegoría, Madrid, inaugurada el 19 de septiembre de 2020. Constituye nuestra tercera aproximación a la obra de Chema Gil tras “De la intimidad fotográfica de Chema Gil”, publicada en el catálogo de la exposición Chema Gil. Artymañas, celebrada en el Pabellón de Mixtos de la Ciudadela de Pamplona entre los días 5 y 28 de septiembre de 2008 (Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, 2008, pp. 5-7) y “Hogar Exilio. Palabras para el último proyecto de Chema Gil”, publicada en el catálogo de la exposición celebraba en El Polvorín, Ciudadela de Pamplona, entre el 19 de enero y el 4 de marzo de 2018. (Ayuntamiento de Pamplona, 2018, pp. 5-7). Este último texto, fue publicado, asimismo, en una traducción al inglés debida a Paloma Gil Quindós: «Exile Home. A few words on Chema Gil’s latest project».

Chema Gil. Apuntes del natural

Dos son los asuntos fundamentales que aborda Chema Gil[1] en Del natural, su nueva serie de trabajos fotográficos. El primero, y en un sentido tradicional, se relacionaría con una identificación del género que le ocupa como fotografía de paisaje. El segundo, se dirigiría a considerar su procedimiento creativo como metartístico, pues explicita la naturaleza construida de la imagen fotográfica. Una síntesis de ambos argumentos permite descifrar una clave de carácter estético en el ideario de Gil: un abrazo al refugio de la naturaleza, o a sus vestigios, que constituye una admonición en torno a la barbarie que infligimos a nuestro entorno.

Chema Gil toma fotografías. O bien las captura con una cámara, o bien se apropia de imágenes ajenas recurriendo a internet. Aquello que capta su atención –tanto ante su presencia física, como en la mediación de un tercero, respectivamente–, es aprehendido y almacenado hasta que decide proceder a su reelaboración. A su resignificación. Un penúltimo paso que consiste en su tratamiento con programas de edición de imagen, y que en ocasiones emplea como modelo, para enfatizar su estrategia, una misma imagen, logrando dos composiciones diferentes, al modo en que ocurría en la exploración del arte múltiple o seriado con el juego de repetición y diferencia tan influyentemente abierto por el pop, como ocurría en las serigrafías warholianas[2]. El último eslabón de esta cadena comunicativa elaborada por Gil consiste en el de la impresión y la exhibición de las imágenes definitivas. Es cierto, su compañía.

El carácter construido de las imágenes que conforman las obras definitivas de Gil, y que delata el propio procedimiento de su realización, se encamina de un modo muy particular a incidir en el probablemente más importante argumento de la fotografía de las últimas décadas: la quiebra de la naturalización de la imagen fotográfica, es decir, la ruptura de la identificación neutral entre la realidad y su representación en una ilusión especular. Manipulaciones que suponen, en ocasiones, cambios de valores tonales en una única imagen –en algunos casos, como ocurre en Marea baja, esta cesura coincide sensiblemente con la línea de horizonte–, o bien recreaciones digitales de algunos gestos o motivos que aparecen efectivamente en la fotografía de la que parte, o en la yuxtaposición de múltiples tomas, logrando, por ejemplo, un hipnótico mosaico de yedras en una de las obras más sugestivas del conjunto.

En lo referente a las fotografías que Chema Gil toma efectivamente con una cámara, lo que requiere su presencia, y por ende una particular experiencia, estas son realizadas durante sus visitas a las casas de sus amigos, en su propio hogar –uno de los conceptos privilegiados de sus creaciones–, o durante sus paseos por la ciudad en la que reside o en sus frecuentes desplazamientos de larga distancia en tren, cuando desde la ventana se aparece el paisaje natural o rural en una sucesión vertiginosa y fugaz, lo que provoca un desdibujamiento del referente muy caro a su mirada y a su estética.

Chema Gil. At Home V. 2020, impresión sobre papel fotográfico mate, 50 x 77 cm

En las imágenes que integran la nueva serie de trabajos de Gil no existe presencia alguna –como ocurre, asimismo, en una proporción amplísima de sus obras anteriores– del ser humano. Pero su rastro es delatado, como ocurre en una imagen que suma a la fotografía de una nostálgica pintura de aficionado, y que constituye una vista de dos puentes sobre un río, la de una toma de otro en la actualidad, mas cuya superficie ha quedado atestada de botellas de plástico que han sido arrojadas a su curso nefastamente por manos humanas: At Home V.

Pero otras manos, invisibles del mismo modo para el espectador, se dedican de modo íntimo a actos de ternura, brindando cuidados a las plantas de interior, uno de los objetivos privilegiados de Chema Gil a lo largo de sus distintas series fotográficas. La obra de Gil conmueve por el privilegio de su mirada conmiserada, frecuentemente tierna, y que permea a sus interlocutores con su afabilidad, con su extrañeza, con su capacidad de asombro, con su curiosidad, hasta convertirnos, durante unos instantes, en niños.

Chema Gil. In-sight. 2020, impresión sobre papel fotográfico mate, 50 x 77 cm

Notas

[1] Esta es la segunda exposición individual de Gil (Palencia, 1960) en Isegoría, tras ofrecer una selección entre el 10 y el 31 de marzo de 2018 de su proyecto Art Fatale, que había presentado en El Polvorín, sala de exposiciones de la Ciudadela de Pamplona, ente el 19 de enero y el 4 de marzo del mismo año. Cfr. Abad Vidal, J. C.: “Hogar Exilio. Palabras para el último proyecto de Chema Gil”, en Chema Gil. Art Fatale. Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, 2018, pp. 5-7.

[2] Juego de repetición y diferencia que se establece en el par constituido por At Home V y Trayecto III, así como en los conformados por Enero y Time past; Echando raíces y Living room; y Mediodía y Time to come.