Con motivo de la concesión del Premio Princesa de Asturias de las Artes a Marina Abramovi? (Belgrado, 1946), recupero un breve texto que a propósito de su ubicua presencia en España en 2012 publiqué entonces en un portal ya desaparecido. Suscribo mi sucinto análisis de esta artista mainstream, casi diez años después (casi) diez veces más mainstrem.
La cara y la cruz de Marina Abramovi?
La coincidencia [recuérdese que el texto se refiere a 2012] de una exposición retrospectiva, el estreno en España de una obra de teatro musical en cuya creación ha participado y la publicación de un álbum fotográfico, tres actividades muy distintas, pero protagonizadas por una misma persona, Marina Abramovi?, anima a reflexionar sobre el modo en que la evolución hacia la canonización de algunos artistas desautoriza la vocación transgresora de sus orígenes. Algo que las segundas y las sucesivas vanguardias comparten, como muchos otros de sus vicios, con las primeras.
Una exposición. Selected Early Works presenta en La Fábrica Galería desde el 10 de abril hasta el 2 de junio una muestra de diversos testimonios de cuatro de sus performances de los años setenta mediante dos conjuntos de fotografías y dos vídeos, acciones en las que Abramovi? (Belgrado, 1946), de modo influyente, sometía a su cuerpo a diversas disciplinas y rigores cuyo halo masoquista ha fascinado desde entonces a una innúmera cohorte de seguidores y del que no podemos ocuparnos aquí extensamente. En el primer caso, a través de sendos conjuntos fotográficos en blanco y negro, una veintena de positivos en el caso de Art must be Beautiful, Artist must be Beautiful (una acción de 1975) y veintitrés imágenes que documental la secuencia de una de sus performances más complejas y difundidas, Rhythm 10 (asimismo de 1975). En el segundo caso, se presentan documentos videográficos de sus perfomances tituladas Relation in Time y de Breathing In. Breathing Out (ambas de 1977 y coprotagonizadas por su compañero creativo desde un año antes y hasta 1989: el performer alemán Ulay).
Una publicación. La Fábrica ha publicado en este mismo mes de abril un álbum fotográfico titulado The Kitchen que recoge ocho hermosos retratos de Abramovi? tomados por Marco Anelli[i] en las cocinas abandonadas de La Laboral (Gijón) en 2009, en los que una austera Abramovi? se muestra solitaria, cadenciosa y melancólica en un reconocido homenaje a Santa Teresa de Jesús[ii] y entre el que se ofrece una imagen de levitación, la misma que supone la apoteosis dramática de su obra de teatro musical. Abramovi? ha debido tener, indudablemente, en mente en su homenaje este pasaje de las Fundaciones de la Santa; “Pues ¡ea, hijas mías!, no haya desconsuelo cuando la obediencia os trajere empleadas en cosas exteriores; entended que, si es en la cocina, entre los pucheros anda el Señor ayudándoos en lo interior y exterior” (Libro de las Fundaciones, 5, 8).
Una obra de teatro musical. En la historia de la música escénica muchas han sido las obras que han sido protagonizadas por artistas de ficción. E incluso por artistas de carne y hueso, como la ópera Benvenuto Cellini sobre el mismo, obra de Hector Berlioz (1836) o Mathis der Maler, sobre Mathis Grünewald de Paul Hindemith (estrenada en 1938). Pero The Life and Death of Marina Abramovi? es, nos parece, la primera ocasión en la que un artista encarga crear una obra sobre su personalidad para ser representada en escenarios líricos. El comisionado ha sido Bob Wilson quien ha abordado la obra con su peculiar gramática antinaturalista. No parece, no obstante, que el título vaya a permanecer en el repertorio. Lo cierto es que la obra de teatro musical The Life and Death of Marina Abramovi? (estrenada en julio de 2011 en el Manchester International Festival y que conocerá diez representaciones desde el 11 al 22 de abril en el Teatro Real), no va a ayudar a Abramovi? a legitimar su posición en el canon de las vanguardias de los setenta, sino que puede considerarse una incongruencia con los planteamientos que animaron sus ya míticas obras de acción de entonces. Y así, en la rueda de prensa ofrecida el pasado 10 de abril, la propia Abramovi? confesó haber sido por vez primera consciente en los ensayos de esta obra nacida a iniciativa suya, de lo que significa representar un papel y, al hacerlo, comprender que teatro y performance no se encuentran tan separados como ella había creído siempre. Algo que, dice, descubrió gracias a los consejos de Willem Dafoe (el auténtico héroe de esta ambiciosa pero inane conjunción de música y teatro)[iii] quien la animaba a pensar en la actuación escénica como si se tratara de un “estado mental”, una condición que Abramovi? había siempre asumido, precisamente, en sus performances del pasado. La trama carece de una unidad dramática para constituirse en una yuxtaposición de episodios, las más de las veces de tintes fabulosos (un retrato tormentoso y recurrente de su infancia marcada por la falta de amor de sus padres y el odio hacia una madre represora cuya muerte es bienvenida con un “por fin”[iv]), y de referencias verbales, que no propiamente escenificadas, a algunas de las performances de la autora.
La aparatosidad y grandilocuencia del conjunto, que al menos tiene la virtud de evitar en su interior caricaturescos remakes de las performances de Abramovi?, se nos antoja el extremo opuesto del carácter directo, y de la austeridad de aquéllas. Las acciones que han situado a Abramovi? en un lugar privilegiado de la creación desde los años setenta.
[i] Una novena imagen, un bodegón, cierra un conjunto en ocasiones hipnótico.
[ii] El proyecto, comisionado por el Teatro de La Laboral y el Gobierno del Principado de Asturias en 2009 se denomina La cocina. Homenaje a Santa Teresa (The Kitchen. Homage to Saint Therese en su denominación internacional).
[iii] No es éste el lugar para abordar la naturaleza musical de la obra: un collage que aglutina desde el repertorio popular serbio hasta los paisajes sonoros de William Basinski, la música electrónica del dúo Matmos y cinco canciones de Antony (solista de Antony and the Johnsons), si bien ninguna de ellas, tal vez salvo Cut the World, se encuentre a la altura de los registros que fascinaron al mundo cuando aparecieron sus dos primeros álbumes.
[iv] De entre una montaña de recortes, Dafoe leerá eligiéndolos al azar los acontecimientos que Abramovi? ha significado entre los que acontecieron entre 1989 y 2010. Una de las entradas correspondientes a 2006 reza así, “Death of her mother, finally”.



