DUMAS, Alexandre: Blanche de Beaulieu y otros relatos. Tr. de Máximo Higuera Molero. Madrid, Trifaldi, 2009. 264 páginas. El volumen reproduce las ilustraciones correspondientes a los respectivos relatos a partir de la publicación titulada Blanche de Beaulieu (París, Calmann Lévy, 1887), que recoge algunos de los vertidos al español.
Dumas, Alexandre: “Marianna”. Tr. de María Teresa Gallego Urrutia[1], en El duelo de honor. De Casanova a Borges. Selección de Marta Salís. Varios traductores. Barcelona, Alba, 2016, pp. 215-252.

Blanche de Beaulieu y otros relatos recoge seis relatos de Alexandre Dumas seleccionados por su traductor, Máximo Higuera Molero. Se trata de los titulados “Blanche de Beaulieu” (pp. 9-70), “El baile de máscaras” (pp. 73-84), “El cochero de cabriolé” (pp. 87-116), “Bernard” (pp. 117-148), “Cherubino y Celestini” (pp. 149-216) y “La mano derecha del señor De Giac” (pp. 217-259)[2]. En todos ellos, con la sola excepción de “Cherubino y Celestini” (Cherubino et Celestini), el autor, o bien hace acto de presencia en la escritura, o bien participa en el desarrollo de la acción, en ocasiones, y en particular en el primero de los relatos mencionados (en la figura de su padre), con un hábil golpe de efecto.
Este magnífico volumen misceláneo presenta un muy breve relato sobre el amour fou, “El baile de máscaras” (Un bal masqué), una ejemplarizante historia de conmiseración, “El cochero del cabriolé” (Le cocher de cabriolet), cuyo núcleo está marcado por el notable tratamiento humorístico –la escritura de Dumas tiene en el humor una de sus magníficas bazas– de los conductores de cabriolés y de simones, y muy específicamente en el retrato de un personaje cómico y entrañable que contará la historia al propio Dumas. “Bernard” y “La mano derecha del señor De Giac” presentan similitudes por cuanto sus respectivos personajes titulares se creen (en el primer caso) o se saben (en el segundo) malditos. El primero por una imprudencia. El segundo, por su infamia. En ambos casos, la venganza cuenta con una presencia ubicua. En el primer caso, por cuanto Bernard, su héroe, cree que un hombre a quien mató por una imprudencia se está cobrando su venganza. En el segundo, porque el motivo mismo de la maldición es un pacto con Satanás para castigar con su mano a su mujer adúltera, y al amante de aquélla. Pacto y condenación que tienen lugar durante el reinado de Carlos VIII, cuando Francia está en guerra con Inglaterra.
En efecto, en “Bernard”, uno de los personajes heroicos de Dumas, un casi infalible cazador que da título al relato, llega a creer que las desgracias que le acontecen son consecuencia de un error fatal, como lo será su muerte, por la que el lector se sentirá conmovido. Por el contrario, el villano que coprotagoniza la acción de “La mano derecha del señor De Giac” (La main droite du Sire de Giac), y sobre quien se centra la atención después de unas páginas consagradas felizmente a su ambientación, habrá de ser despreciado por quien conoce su ignominia, el primero de cuyos apuntes se relaciona con el misterio de una importante suma distraída al ejército, lo que perjudica enormemente a los combatientes.
“Bernard” es un relato que tiene lugar en el terruño natal de Dumas, en torno a 1818 ó 1819. Al comienzo del mismo, Dumas lo identifica como “un recuerdo de juventud” (p. 117)[3]. En “Bernard” parecen reunirse todas las virtudes que el Dumas juvenil admiraba en un cazador, y su retrato entusiasta (pp. 120-121) introduce a este hombre, a la sazón de unos treintaidós años, en el canon de los héroes dumasianos. El disparo de su carabina, que, en lugar de alcanzar a un jabalí al que acecha, se cobra la vida de uno de sus compañeros, y tío suyo, Berthelin, le conducirá al delirio. Una alucinada superstición que se cobra su primera víctima en la primera falange de su dedo índice cuando le salta el cuchillo con el que se estaba empleando contra un ejemplar –“¡Demasiada justicia (…) es el dedo con el que maté a mi tío!”, exclama (p. 139), y tendrá una segunda y última consecuencia fatal cuando se alista para vengarse de su mujer y con quien cree que le engaña.
Decíamos que, a excepción de “Cherubino y Celestini”, en los restantes relatos reunidos en este volumen, Dumas hace de un modo u otro acto de presencia. No obstante, en este cuento existe un notable golpe de efecto, pues será uno de estos muchachos, quien, llegado a la edad adulta, cuenta su propia historia, bajo diferente nombre, después de terminar de cavar la tumba de su compañero inseparable. El protagonista, Jacomo, es un bandido calabrés perseguido por los oficiales franceses, quienes le ponen asedio en unos riscos, acompañado como está por su mujer, su hijo recién nacido, y algunos de sus compañeros.
Su ambivalente protagonista, Jacomo, cuenta con un antagonista, uno de los personajes en los que Dumas reúne las virtudes que más atesora en una personalidad masculina, un heroico André, un soldado francés –durante la primera mitad de 1799 Calabria y otros territorios italianos serían comandados por el ejército francés como la designación de República Partenopea–, en el que, como hará en otras muchas obras, destila su orgullo nacionalista: “… comenzó a escalar la montaña con esa maravillosa confianza de un oficial francés, confianza que se apoya en dos puntos, el coraje que tiene y la elocuencia que cree tener” (p. 199).
El relato, conducido por los modos en que los bandidos han logrado resistir al asedio hasta que han de buscar una solución desesperada, concluye con un sacrifico estremecedor y una venganza, cuya agente, sin nada ya que la una al mundo, se retira a un convento romano bajo el nombre de sor María. “Cherubino y Celestini” es el relato que más nos conmueve del conjunto seleccionado y traducido por Máximo Higuera. Su construcción es magnífica, y contiene páginas sublimes, como lo es este parágrafo en el que el narrador, Dumas, se pronuncia sobre la palabra y su poder:
La palabra es un instrumento maravilloso en función de quién la utiliza y el momento en que lo hace. Se retrae y se alarga, borbotea como una ola, o murmura como un arroyo; salta como el tigre o repta como una serpiente; sube a las nubes como una bomba o desciende del cielo como un rayo; un orador necesita un discurso para desarrollar su opinión, pero otro solo necesita dos palabras para que se comprenda su pensamiento[4].
Excelsior.

Pese a lo que refiere su título, “Marianna”, no constituye una adaptación de un relato de Alexander Pushkin, quien murió en 1837, precisamente en un duelo, enfrentándose a su propio cuñado, un oficial francés, Georges-Charles de Heeckeren d’Anthès –a quien Dumas, que había hecho de Edmond Dantès un personaje ya arquetípico llama, precisamente, Dantès–. Un duelo constituía, precisamente, uno de los episodios estelares de la histórica novela en verso del propio Pushkin, Eugenio Oneguin (en concreto, en su capítulo sexto), y sería el argumento de, entre otros, un relato compilado, precisamente, en la presente antología: “El disparo”[5]. En “Marianna”, publicada en 1859, Dumas brinda una adaptación del relato de un autor ruso, Nikolái Mijáilovich Panovski[6], ignoto entre nosotros. Dumas viajó por Rusia entre 1858 y 1859 y, publicó el relato tras su regreso a Francia.
Dumas afirma haber escuchado este relato al señor Panovski, “un literato distinguidísimo cuya amabilidad había podido apreciar en más de una ocasión” (p. 219), en una reunión en la residencia de un amigo, Dmitri Pávlovich Nárishjin. Haciendo gala de la cortesía que señala el autor, Panovski complace a Dumas brindándole al día siguiente un manuscrito con el ejemplo de un duelo de consecuencias desproporcionadas entre el bizantinismo de su origen y la profundidad de sus consecuencias. Dumas transcribe, a continuación, el contenido del envío de su amigo, extractado, según indica el ruso, de las cartas de un “antiguo capitán de húsares” (p. 230), que se refiere a un episodio que tuvo lugar con anterioridad de aun año a la fecha de la escritura. Ya la ambientación del episodio crucial de la obra, con la que comienza su relato dentro del relato, nos introduce en otro duelo, el que enfrentó con fatales consecuencias a dos duelistas, lugar en el que reposan los restos de dos hermanos enfrentados, porque la mujer de uno de ellos ha cometido adulterio con el segundo, o, como subraya el narrador ruso, “fue incestuosamente infiel a su marido” (p. 221)[7]. El duelo que protagoniza el relato, por su parte, parece provocado por el despecho que siente Stamm, un alemán, ante la llegada de un joven, Georges Zodominski, recientemente nombrado capitán, quien le ha privado no solo de la oportunidad de su ascenso en la cadena de mando, sino del amor de la mujer que él mismo desea[8], la Marianna que da título al relato, y señora Ravenski, enamorada perdidamente del propio Zodominski.
Sorprendente, las intenciones del ofensor se demostrarán incruentas, un giro argumental que permite a la trama del relato el establecimiento de todo un pronunciamiento en torno al código de honorabilidad en lo que respecta al duelo, lo que supone uno de los mayores atractivos de este relato magnífico. Empero, la fatalidad habrá de llevarse la vida de una tercera víctima. El relato, ya plenamente luctuoso, parece replicar el desenlace de la historia calabresa, por cuanto los remordimientos del superviviente conducen a abrazar la vida monástica y el propio nombre. Y, como en “Cherubino y Celestini”, la noticia de su paradero llega a uno de los personajes del relato y, por ende, al lector, con posterioridad a la de su deceso.
Notas
[1] En el mismo volumen misceláneo, Gallego Urrutia ofrece la traducción de sendas obras de Prosper Merimée y Charles Leroy: el relato “El jardín etrusco” (pp. 99-122) y una selección de su “Guía del duelista desconsiderado” (pp. 317-334), respectivamente.
[2] Salvo el primero de los mencionados, que fue publicado en 1831 y el último, que lo sería en 1836, los restantes relatos aparecieron, junto a otros seis, en el volumen Souvenirs d’Antony (París, 1835), cuyo título alude al protagonista de la obra de teatro de Dumas tan en boga en el momento. Antony fue estrenada el 3 de mayo de 1831.
[3] Motivo sobre el que vuelve al término del relato, cuyo desenlace reza así: “os puedo jurar [los destinatarios de este juramento son los lectores] que esta catástrofe ha dejado en mi espíritu un hondo e indescriptible recuerdo” (p. 148).
[4] DUMAS, Alexandre: Blanche de Beaulieu y otros relatos. Op. cit., p. 177.
[5] En traducción de Amaya Lacasa. Cfr. El duelo de honor. De Casanova a Borges. Op. cit., pp. 123-137.
[6] Dumas lo publicó en Herminie et Marianna (Bruselas, Meline, Cans & Compagnie, 1859). La antóloga, Marta Salís, afirma en la presentación del relato que, “a pesar de que el subtítulo diga «adaptado de Pushkin», el relato en que se basa no es de Pushkin, sino –como por otra parte se revela en el propio Preámbulo– de Nikolái Mijáilovich Panovski (1797-1872), un relato que se había publicado en agosto de 1858 en la revista El Mensajero Ruso con el título de «La Tumba de los Dos Hermanos»”. Ibíd., p. 218.
[7] Pareciera esta historia una suerte de reflejo especular del duelo que condujo a la muerte al propio Pushkin, y cuyo adversario, aunque casado con la hermana del vate ruso, cortejaba a su esposa.
[8] Esto se antoja una segunda variación sobre un tema de Pushkin, el de su muerte en un duelo.



