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La luz languidece. De Lorenzo López Lumeras

Berlín. Pasado y presente. 2020, impresión con tintas al agua sobre papel semibrillo, 70 x 80 cm

La presente entrada reproduce en su integridad el texto incluido en el catálogo Lorenzo López Lumeras. Lugares Habitados (Madrid, Isegoría, 2021, pp. 6-8) publicado con motivo de la exposición homónima inaugurada el 29 de octubre de 2021.

La luz languidece. De Lorenzo López Lumeras

Como un consumado maestro de la fotografía identificada con la vanitas, Lorenzo López Lumeras (Plasencia, Cáceres, 1961) ha venido rastreando con su cámara desde 20131 espacios arquitectónicos largo tiempo abandonados, demorándose ante los objetos y los vestigios que sobreviven a la vida de sus usuarios, como tan elocuente y lacónicamente señalara Borges en su poema “Las cosas”2. En su trabajo, y del mismo modo en que ocurre en la obra de otros autores contemporáneos que se detienen fotográficamente en la vanidad de las cosas, resulta fundamental la captación de las texturas. Una conmovedora delectación en la luz que acoge y desvela las superficies, los recovecos, las lindes.

Bodegón deshabitado. 2016, impresión con tintas al agua sobre papel semibrillo, 60 x 75 cm

Por el objetivo de la cámara de López Lumeras han pasado viviendas –en particular de la ciudad en la que reside, Badajoz–, balnearios –de la localidad lusa de Caramulo y de Georgia3–, o residencias para tuberculosos –en Brandemburgo–, edificios y establecimientos todos ellos ya definitivamente desahuciados. Sus imágenes desvelan el modo en que el transcurso de los años ha afectado de diferente manera a estos espacios de acuerdo con el entorno en que se levantan, y se corrompen. Así, aquellos interiores que no se ubican en entornos urbanos presentan la metastásica –si atendemos a los parámetros de la agricultura y la botánica– proliferación de una naturaleza silvestre. No en vano, una de sus series ha recibido el título de Victoria de la naturaleza.

Epitafio de un pianista. 2016, impresión con tintas al agua sobre papel semibrillo, 60 x 80 cm

Una profusión vegetal que afecta, asimismo, a creaciones artísticas, como ocurre a diversos detalles de cementerios capturados en la serie Catarsis, en particular, en la obra titulada Epitafio de un pianista (2016, impresión con tintas al agua sobre papel semibrillo, 60 x 80 cm), que fotografía una tumba pintoresca, señalizada por un piano de cola de mármol, sepultura de un pianista en el londinense Cementerio de Highgate4. Del mismo modo, López Lumeras ha capturado con elocuencia el modo en que la naturaleza asedia y sublima los vestigios de tres templos budistas de la región de Angkor: el celebérrimo Angkor Wat, así como Beng Mealae y Ta Prohm, imágenes que integran la serie Entropía, realizada por López Lumeras durante un viaje a Camboya en 2020.

Teatro Cervantes de Tánger. 2016, impresión con tintas al agua sobre papel semibrillo, 65 x 85 cm

Una de sus fotografías más admirables, Teatro Cervantes de Tánger (2016, impresión con tintas al agua sobre papel semibrillo, 65 x 85 cm), nos enfrenta a un teatro en cuyo escenario se han apilado en dos montones que adolecen de mal de simetría las butacas que se hallaban anteriormente en su patio. Si el referente es histórico, y documenta el estado de abandono de las autoridades marroquíes a un complejo que fuera construido por las españolas en la ciudad de Tánger, el Gran Teatro Cervantes5, la fotografía –tomada en 2016– se constituye, asimismo, y de un modo esencial, en una representación en abismo del gran teatro del mundo, como titulara su auto sacramental el más abisal de los dramaturgos barrocos6. De este modo, el escenario se confunde con el patio de butacas, la escena con su público, al modo, por ejemplo, que el reino de los dioses condenados al ocaso en la tetralogía wagneriana constituía una continuación del patio de butacas en el que nos hallábamos sus espectadores en la lectura de Willy Decker7.

Lugares habitados, II. 2021, impresión con tintas al agua sobre papel semibrillo, 55 x 85 cm

Un poema del propio López Lumeras, titulado –al igual que una de sus series– “Lugares habitados”, que fuera impreso en las dos caras de un tarjetón distribuido con motivo de la exposición individual que celebró en octubre de 2020 en el Museo de la Fundación Van der Linde en la localidad cacereña de Montánchez, se constituye en un magnífico muestrario de la serena melancolía del autor de estas memorables imágenes, por lo que lo reproducimos in toto.

Ya las décadas dan paso a los siglos

y el ojo no aprecia las transformaciones.

Su vacuidad aparente va cobrando vida.

Grietas que irrumpen desde el subsuelo,

yedras que reptan por los ventanales,

agua que germina en los techos

creando raíces que sostienen templos.

Detrás, la claridad.

Tras los ventanales

la vegetación ocupa su lugar,

arrebatando a la muerte

su aparente protagonismo.

El tiempo se queda absorto.

Hoy es siempre todavía.

La presencia es un entonces

en un presente continuo.

Los espacios son remansos

que acumulan energía.

El observador, inmóvil.

El ánimo, suspendido.

Y la ausencia habitó entre nosotros.

Quedan los objetos

que formaron parte de sus vidas

y narran los sucesos que allí ocurrieron.

Restos de la memoria.

La contemplación de estas fotografías en tiempos terribles como los que atravesamos –cuando tantas personas han perdido la vida durante la reciente emergencia sanitaria sin haber podido despedirse de sus seres queridos, cuando asistimos a la quiebra de tantas empresas familiares y a la devastadora pérdida de empleos como consecuencia del confinamiento y las restricciones, cuando desconocemos el alcance que tendrá la crisis económica que padecemos; en tiempos marcados, en definitiva, de modo indeleble por el duelo, por la ansiedad ante un horizonte incierto y por el derrumbe de la ilusión de nuestro bienestar– supone una sensible sacudida. En su ejemplar melancolía, estas imágenes de Lorenzo López Lumeras nos recuerdan vívidamente el inexorable paso del tiempo, lo insondable del porvenir y, acaso, la necesidad de aferrar, de conservar y de cuidar aquello que somos. Cuanto servimos mientras languidecemos. Cuanto amamos mientras vivimos.

Wunsdorf-Walsdstat. 2021, impresión con tintas al agua sobre papel semibrillo, 65 x 85 cm

[1] En un total de ocho series cuyos ilustrativos títulos son, por orden alfabético: Catarsis, Dejaciones y leftovers, Entropía, La transformación, Lugares habitados, Lugares paliativos, Una meditación y Victoria de la naturaleza.

[2] Los dos versos finales del soneto rezan así: “Durarán [las cosas] más allá de nuestro olvido; / no sabrán nunca que nos hemos ido”. Borges, Jorge Luis: Obras completas. Vol. 2. Buenos Aires, Emecé, 2007, p. 396.

[3] El lugar, en el distrito de Viseu, llegó a mantener casi una decena de estos establecimientos. En la actualidad, tan solo un complejo permanece en activo compartiendo su funcionamiento original con el de un moderno hotel.

[4] Se trata de William Henry “Harry” Thornton (1883-1918). Uno de los laterales del piano, precisamente el que captura el fotógrafo, presenta la siguiente inscripción: “Sweet, thou art sleeping, / Cradled on my heart; / Safe in God’s keeping, / While I must weep apart”. Se trata de una traducción al inglés de un fragmento de Madama Butterfly de Giacomo Puccini: “Dormi, amor mio, dormi sul mio cor. / Tu sei con Dio, ed io col mio dolor. A te i rai degli astri d’or, / bimbo mio, dormi”, en la que la antiheroína se despide de su bebé antes de suicidarse. El texto del libreto de la ópera, estrenada en Milán en 1904, es obra de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica.

[5] López Lumeras ha participado activamente en la reivindicación del edificio, a la que se han comprometido las autoridades españolas, tras una dilatada iniciativa en buena parte activada por la pintora Consuelo Hernández, nacida, como el fotógrafo, en la provincia de Cáceres, concretamente en Tornavacas.

[6] Si bien la fecha de composición de El gran teatro del mundo resulta incierta, y muy anterior a la de su primera publicación, esta se produjo en 1655, en Madrid por la impresora María de Quiñones.

[7] Nos referimos a la puesta en escena de Der Ring des Nibelungen que fue programada en el Teatro Real entre 2002 y 2004. Las fechas de los estrenos de los títulos que integran la tetralogía fueron los siguientes: 28 de mayo de 2001 (Das Rheingold), 5 de marzo de 2003 (Die Walküre), 2 de diciembre de 2003 (Siegfried) y 20 de febrero de 2004 (Götterdämmerung).

Ausencia de tuberculosis. 2016, impresión con tintas al agua sobre papel semibrillo, 60 x 70 cm