Guayaquil, Centro Cultural Libertador Simón Bolívar-Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo. Del 6 de noviembre al 4 de diciembre de 2014. Comisario: Julio César Abad Vidal.
Diego Muñoz
La comunión entre el arte popular y el arte contemporáneo ecuatorianos es particularmente notoria tanto por su carácter extensivo como intensivo en la producción pictórica de Diego Muñoz (Cuenca, Ecuador, 1980). Muñoz trabaja una figuración chusca y abrupta, embriagada en lo popular. Durante unos años procedió al cosido sobre tela de diversos fragmentos pictóricos, así como otros elementos cotidianos, tales como abalorios para collares, lentejuelas o aretes, en pinturas carentes de una perspectiva monofocal, en cambio valedoras del mismo primitivismo que exhibe la factura de cada una de sus figuras. La iconografía religiosa con un barroquismo tan esencial en el país es una de las referencias visuales más presentes en su obra. Los asuntos de los que se ocupa son heterogéneos. En gran parte de las ocasiones ofrece una suerte de reflejo esperpéntico de la sociedad ecuatoriana y de las pasiones que ésta cultiva: la fiesta religiosa y profana, elementos de la cultura de masas, como el deporte o los programas televisivos de entretenimiento.
En su primera exposición de envergadura, Dentrre adentrro (Quito, Asociación Humboldt, en 2006), presentó algunas de las obras que suscitan un mayor interés del conjunto de su producción. En ellas procedía a establecer una yuxtaposición de elementos pintados y cosidos sobre el soporte, lonas en el caso de los formatos de mayores dimensiones, de manera notoria. Eran representaciones de elementos de la vida material y cultural-cultual del Ecuador y, en particular, de la Sierra. Para la confección de estas pinturas, Muñoz recurre a una notable riqueza de recursos: desde los pigmentos (al óleo y acrílicos) hasta elementos tales como mullos, lentejuelas, botones, aretes, hilos, reatas, gamuza, cartón y encaje sobre lonas sintéticas de formatos medianos.
Con posterioridad, Muñoz comenzó a aplicar sobre la superficie pictórica dos escenas simultáneamente, sirviéndose de pintura acrílica y de pintura fluorescente, así, la percepción del espectador dependerá de la iluminación que recibe la obra. Debidamente iluminadas con neones fluorescentes, las obras parecen contradecir el mensaje que ofrece la pintura con la iluminación habitual natural y eléctrica, una estrategia que permite a Muñoz establecer relaciones humorísticas cuando se han cotejado las diferencias, pero que las más de las veces le permite profundizar en su crítica a la hipocresía y la impostura de los usos sociales. Este recurso a la doble iluminación es paralelo a su tratamiento pertinaz de una misma temática: el narcotráfico, si bien los dos últimos años parece haberlo abandonado en favor de otras series en las que está emprendiendo una lectura abiertamente política, sirviéndose de alusiones apocalípticas en torno a la socioecología en el Oriente ecuatoriano o a episodios luctuosos o esperanzadores relacionados con nombres propios en la historia reciente del país.
Cromo de héroe
Las pinturas que conforman la exposición Cromo de héroe, realizadas durante los últimos meses de 2013 y el año 2014, constituyen un conjunto unificado por un mismo planteamiento estético, pese a la aparente diferencia de sus temas. Su lenguaje es figurativo, chusco y con un marcado horror vacui, imbuido de elementos de la cultura popular ecuatoriana. No obstante la heterogeneidad de sus temáticas, el conjunto está hermanado por un concepto ambivalente, una dualidad manifiesta en la integridad de la producción madura de Diego Muñoz. Esta categoría es, en este caso, la de la pasión, que si bien popularmente significa fervor o marcada inclinación –a menudo con connotaciones sexuales–, en un sentido religioso, alude al tránsito, al camino tormentoso. Si en el primer caso hallamos ejemplos de la euforia nacional desatada por los triunfos deportivos patrios (como la llegada a meta el 26 de julio de 1996 en Atlanta, cuando con su triunfo en la prueba atlética de los 20 km Marcha, Jefferson Pérez se convirtió en el primer medallista olímpico ecuatoriano), o la popularidad de una niña cuencana dotada de una bella voz y una historia vital lacrimógena (Leslie Pintado, finalista de la primera edición del concurso Ecuador tiene talento), en el segundo nos encontramos frente a una monumental recreación, extraordinariamente ornamentada y en la que destaca el fulgurante y ácido carácter de su cromatismo –mas sin manipulación alguna de su iconografía– de la imagen de la Dolorosa. Y entre ambos polos, advertimos la transmisión de la certeza de Muñoz en que una cierta idea de progreso amenaza la supervivencia de comunidades autóctonas ancestrales. Así, el conjunto se constituiría en una suerte de pasión ecuatoriana. Una pasión mestiza, dual, acaso esquizoide, como demuestra una de las particularidades del lenguaje del pintor: su iluminación doble debida a la práctica de la pintura fluorescente.
Para el cartel promocional de la exposición, Muñoz se ha disfrazado de Pancho Jaime, una imagen que aparece, asimismo, en la contraportada del catálogo autoeditado de la muestra. Pancho Jaime (Víctor Francisco Jaime Orellana), quien fuera un impulsor del circuito rockero guayaquileño fue, como escritor en las publicaciones Censura y Comentarios de Pancho Jaime, que él mismo dirigía, un crítico irreverente y zafio del Ecuador de su tiempo. Un tiempo en el que, por ejemplo, se desarrolló el gobierno de León Febres-Cordero, Presidente de Ecuador entre 1984 y 1988, y que coincidió con el conocido como Operación o Plan Cóndor, un período abierto en las décadas de los setenta y los ochenta, por el que los regímenes dictatoriales iberoamericanos (particularmente, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) que colaboraron o coordinaron diversas operaciones con la CIA.
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El conjunto que conforma su exposición Cromo de héroe supone una llamada al vitalismo y a la esperanza de un pueblo surcado por diversos procesos colectivos, concediendo protagonismo a ejemplos de superación.
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Como en lo concerniente a la integridad de las actividades desarrolladas en Ecuador, agradezco su apoyo al Proyecto Prometeo de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación de la República del Ecuador, para el que trabajé como Investigador Docente en la Facultad de Artes y la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cuenca entre enero de 2014 y enero de 2015.




