Sexta entrada dedicada al análisis de la bibliografía de Mishima en España iniciada con la triple entrega dedicada al estudio de la situación hasta 2009, fecha de la publicación de nuestro ensayo “Situación de Yukio Mishima en las letras de España». En la presente entrada nos dedicamos exclusivamente al comentario de un único título mishimiano: La escuela de la carne (Madrid, Alianza, 2012, 333 pp.).
La escuela de la carne (Nikutai no gakkô ?????, 1963)
Mishima Yukio escribió la novela ????? Nikutai no gakkô (La escuela de la carne) para su aparición por entregas en la revista femenina ?????? (Madomoazeru, transcripción fonética nipona del vocablo francés Mademoiselle, “señorita”) entre los meses de enero y diciembre de 1963. Destinada originalmente a un público femenino, la novela presenta escenas muy subidas de tono entre una mujer a punto de alcanzar la cuarentena y un gigoló de unos veinte años. Una historia lujuriosa en la que ninguno de los personajes de su coral reparto parece moverse sin hipocresía, lascivia, avaricia o afán de venganza.
La historia presenta como protagonistas a una mujer insatisfecha, mortalmente aburrida, y un arribista, un gigoló al que decide proteger para lo que le rescata del bar homosexual donde trabaja. Establecimientos que son escenarios de otras obras de Mishima, como ?? Kinjiki (El color prohibido), una extensa novela que Mishima había publicado, muy influyentemente, doce años antes.
Tokio, del que parecen haber desaparecido las señas seculares de su identidad, como si de las ruinas de la guerra se hubiera erigido una suerte de monstruoso parque temático como un simulacro de inspiración occidental, parece ser un personaje más de esta trama oscura plagada de frustración. El Tokio del que se ocupa Mishima es del de los económicamente privilegiados, ávidos consumidores de cualquier producto occidental, hasta el punto de que el lector podría imaginar que el escenario de esta historia es cualquier gran ciudad de Occidente, ausente como se encuentra el texto de referencias a costumbres o pautas autóctonas niponas (todos los personajes japoneses, por ejemplo, visten y comen como occidentales). Y no es extraño, así, que la historia haya sido adaptada cinematográficamente en Occidente, ambientándola en París, como hiciera en 1998 Benoît Jacquot, en L’école de la chair, sirviéndose de la traducción homónima al francés de la novela, a cargo de Yves-Marie y Brigitte Allioux, que había sido publicada por la parisiense editorial Gallimard, en 1993. Asimismo, son occidentales todas las referencias literarias y cinematográficas de la obra; algo frecuente, muy notablemente, en otras novelas de Mishima, no obstante su proverbial erudición de los clásicos nipones.
La narración omnisciente de Mishima parece desconocer moralismo alguno en este retrato decadente, donde triunfa la hipocresía y la frivolidad y se desconoce la virtud. Sin la posibilidad de establecer empatía con ninguno de sus protagonistas, la curiosidad del lector se dirige hacia la resolución de los elementos de suspense en esta historia de obsesión. Y es que Mishima siembra sabiamente semillas que conducen a quien sigue la historia a creer que el relato derivará definitivamente hacia el género negro. La trama se resuelve, no obstante, sin incidentes dramáticos, dejando un poso amargo en su lector ante la perpetuación de una red de embustes arribistas o de afectos desordenados. Ausente de la profundidad lírica de otras obras escritas por Mishima en su última década de vida, la novela acierta a retratar un tema que el autor abordaría de modo extraordinariamente complejo en otras obras: el callejón sin salida al que siente que ha llegado Japón a causa de la desaparición de sus valores seculares.



