La Reina de las Nieves. Madrid, Anaya, 2016. Tr. de Enrique Bernárdez. Ilustraciones de Óscar T. Pérez
Es difícil describir el embrujo que produce la obra del escritor danés Hans Christian Andersen (Odense, 1805- Copenhague, 1875). Este lector lo considera tan profundo como el que destilan los trágicos áticos, Virgilio, nuestra tríada áurea, Victor Hugo, Milton o Blake, Hönderlin, Tolstói o Borges. Creo que ahora lo disfruto más que en la infancia, al acompañar en la suya a la de mi ángel.

Su película preferida, que ya es una de las mías de animación de todos los tiempos, Frozen (Frozen: El reino de hielo, Chris Buck y Jennifer Lee, 2013), se inspira muy libremente en un relato escrito por Andersen en 1845, Sneedronningen (La Reina de las Nieves).

Un relato que cuenta con diversas adaptaciones audiovisuales más fieles –algunas, mediocres–, de entre las que descuella esa joya que es ??????? ???????? (Snezhnaya koroleva, La Reina de las Nieves, Lev Atamanov, 1957), una de las maravillas del estudio de animación soviético ?????????????? (Soyuzmultfilm).
Una reciente edición con ilustraciones de Óscar T. Pérez (Valladolid, 1973), La Reina de las Nieves (Tr. de Enrique Bernárdez. Madrid, Anaya, 2016[1]) viene a sumarse a la extensa nómina de ediciones ilustradas del relato, entre las que se hallan contribuciones de artistas, como el danés Vilhelm Pedersen (Køge , 1820- Copenhague, 1859), quien publicara ya en vida del escritor algunas imágenes sobre este cuento, cuarenta de cuyas viñetas dedicadas a diversos relatos de Andersen, han sido reproducidas en España. En la antología La sombra y otros cuentos, una selección de un total de veintiséis relatos traducidos directamente del danés por Alberto Adell (Madrid, Alianza, 1973) –una rareza por entonces, habiendo sido Andersen con anterioridad vertido al español en traducciones indirectas–, que ha sido prolijamente reimpresa desde su primera publicación. Del mismo modo, ocho imágenes, una de ellas a todo color y a página completa del maravilloso ilustrador inglés Arthur Rackham (Lewisham, Kent, 1867-Limpsfield, Surrey, 1939) fueron publicadas en la versión de La reina de la nieve (pp. 38-69) incluida, junto a otros veintidós relatos, en la recopilación Cuentos de Andersen. Ilustrados por Arthur Rackham (Tr. de Alfonso Nadal. Barcelona, Juventud, 1927)[2]. Otras ediciones ilustradas incluyen las seis ilustraciones de Luis de Horna para el relato incluidas en el volumen antológico de Andersen, con contribuciones de otros ocho ilustradores: Cuentos de Andersen (Tr. de Enrique Bernández. Madrid, Anaya, 1999, pp. 155-200) o las ediciones exentas de La Reina de las Nieves, como las un tanto ásperas de Tino Gatagan (Villamartín de la Abadía, León, 1951- Madrid, 2005) para La reina de las nieves (Tr. de Carmen Bravo-Villasante. Madrid, Susaeta, 1989), o las del alemán Uwe Häntsch (Mittelherwigsdorf, 1949), para La Reina de las Nieves (Tr. de Mª Victoria Martínez Vega. León, Everest, 2005), en una visión deformante comúnmente grotesca y de sombrío cromatismo.
La Reina de las Nieves constituye un relato peculiar por su extensión y por su tejido en forma de retales, de entre el magnífico corpus de narraciones fantásticas de Andersen. Así, y como reza su subtítulo, se trata de “un cuento en siete cuentos”. Cuentos cuyos títulos rezan: “Que trata del espejo y los pedazos” (pp. 5-8; la paginación corresponde a la de la reciente edición ilustrada por Pérez), “Un niño y una niña” (pp. 9-20), “El jardín de flores de la mujer que sabía magia” (pp. 21-36), “El príncipe y la princesa” (pp. 37-50), “La pequeña bandolera” (pp. 51-60), “La lapona y la finesa” (pp. 61-67), y, finalmente, “Lo que sucedía en el palacio de la reina de las nieves y lo que sucedió después” (pp. 69-77).
Su protagonista, una niña de extracción humilde llamada Gerda, es una heroína que sacrifica todo por recuperar el afecto de su fiel amigo, su vecino Kay, tan pobre como ella, y a quien quiere como un hermano; un niño que ha sido embrujado por una entidad, cuanto menos, ambivalente como la Reina de las Nieves, y cuyo paradero desconoce. Como relato de aventuras que es, la heroína se enfrentará a diversos villanos, para lo que en ocasiones contará con la colaboración de diferentes aliados. La Reina de las Nieves se constituye en un canto a la memoria y en admonición contra la desmemoria, de los olvidos en los que somos tentados a sumirnos para aligerar el peso de nuestra existencia. Por dos veces, sendos episodios de amnesia inducida afectarán respectivamente a Gerda y a Kay por influjo, respectivamente, de una anciana solitaria con conocimientos mágicos y de la Reina de las Nieves, y en ambos casos, este olvido se instituye en la clave de bóveda de episodios de reclusión, donde la ausencia de memoria acabaría con la posibilidad de la rebelión, y que son provocados por el insaciable anhelo de saciar la soledad de sus inductoras Y, por dos veces, es el poder del afecto el garante de la responsabilidad, y de que se obre la reparación. El relato carece de elementos redentores a costa del sacrificio de alguno de sus protagonistas y si es cierto que al concluir la aventura quienes iniciaron la peripecia siendo niños serán adultos, no es menos cierto que, como recompensa, Andersen les concede explícitamente el don de seguir siendo niños en sus corazones.
Cuando Óscar T. Pérez recibió el encargo de la editorial Anaya de acompañar con ilustraciones un nuevo lanzamiento exento del relato, la maquetación del texto estaba ya plenamente definida con diez páginas enteramente dejadas en blanco y otras veinticinco con su mitad superior únicamente ocupada por texto (de las cuales en una única ocasión empleará las partes de páginas contiguas para una composición integral; ocurre en las pp. 44-45).
La Reina de las Nieves no es la primera colaboración con la editorial, después de haber realizado las ilustraciones para dos obras dramáticas canónicas: Don Juan Tenorio (2011) y Hamlet (2016) en sendos lanzamientos para una colección dedicada a lectores juveniles, con texto adaptado, respectivamente por Juan Manuel Infanta Moraño y Lourdes Íñiguez. Pérez acaba de entregar las ilustraciones para una tercera obra teatral que será publicada a comienzos de 2017 en la misma colección: nada menos que La vida es sueño. El lenguaje del que Pérez se ha servido para su edición de La Reina de las Nieves es similar al que ha definido su estilo en anteriores aventuras editoriales; y, en particular, comparte una misma dicción con las de Hamlet. La dicción de su dibujo es clásica, y sus figuras son estilizadas.

Su método de trabajo, que comparte con el resto de sus producciones desde su primer encargo es el siguiente. Comienza definiendo la composición general de la escena y las características fundamentales de sus personajes en grafito sobre papel y una vez satisfecho con el plan general continúa trabajando en el ordenador, generando digitalmente cada una de sus ilustraciones.
En esta ocasión, y para la ambientación costumbrista y fantástica, nórdica y gélida, de sus escenarios, Pérez ha recurrido a la inspiración del prodigioso ilustrador danés Kay Nielsen (Copenhague, 1886-Los Ángeles, 1957). Las ilustraciones de Pérez destacan, asimismo, por su riqueza cromática. No obstante, si bien en su concepción digital original los colores presentaban una brillante mayor, la elección del papel por parte de la editorial no constituye un mal mayor. Antes al contrario, confiere por su tonalidad en cierto sentido cerúlea, un sabor remoto perfectamente acorde tanto con el relato como con las configuraciones visuales de las ilustraciones de Pérez. La reciente publicación de La Reina de las Nieves ilustrada con Óscar T. Pérez constituye, en mi opinión, la edición exenta del relato más hermosa de cuantas se han publicado en España y permite estimar a su autor entre los más destacados ilustradores de lenguaje clásico activos en España.
Notas
[1] El volumen se beneficia de la traducción de la obra de Andersen a cargo de Enrique Bernárdez: Cuentos completos (Madrid, Cátedra, 2005, pp. 295-320), un volumen que excede las 1.200 páginas.
[2] Fairy Tales by Hans Christian Andersen fue publicado en 1932 (Londres, George G. Harrap & Co., Ltd.), con un total de doce planchas a color, cuarenta y tres dibujos y nueve siluetas.
Post scriptum

En el mes de abril salió de imprenta la edición ilustrada por Óscar T. Pérez de La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca (Madrid, Anaya, 2017), con un total de ocho ilustraciones concebidas desde un principio en blanco y negro, pues este fue el criterio de la editorial. La edición, responsabilidad de Lourdes Yagüe Olmos, y dirigida a introducir este complejísimo hito de la literatura universal a un público juvenil, se completa con una introducción (pp.9-59) y un análisis de la obra (pp. 219-270). La editorial concedió a Pérez plena libertad para elegir la identidad de los pasajes que habría de ilustrar, con la doble condición de que se hallaran repartidas a la largo del conjunto y de que capturaran episodios significativos de la acción dramática. Pese a sus idealizaciones y estilizaciones -claves estilísticas más señeras de este magnífico ilustrador clásico-, es posible hallar en las ilustraciones, que en todos los casos aparecen a página completa, huellas del fabuloso repertorio iconográfico de la España barroca. Y un juego visual: el retrato del dramaturgo en el castillo de Basilio, Rey de Polonia (p. 103). Un bucle barroco, en fin, valga la redundancia.





